KZ-GEDENKSTÄTTE DACHAU
(15/SEP/2000)
En mi derrotero por el viejo mundo occidental, llegué a Munich, mejor dicho München como la llaman los muniqueses. La guía de viaje que llevé mencionaba varios lugares para visitar, entre los cuales se encontraba el Memorial de Dachau, en el pueblo de Dachau, cercano a Munich, en la misma Baviera (Bayern). Así que fui a la oficina de turismo que está en la estación ferroviaria Hauptbahnhof de Munich, y allí me asesoraron sobre ese destino y como llegar a él.
Tomé el tren suburbano S2 (S-Bahn 2) en Hauptbahnhof y en unos veinte minutos, llegué a la ciudad de Dachau, donde el autobús A726 me acercó al lugar en cuestión.
Al bajar, a dos calles de lugar se podía ver una de las torres de vigilancia del sitio objeto de visita, y los primeros pensamientos aparecieron: "algo quedó de aquello", "por lo menos han dejado en pie algunos como este", etc. Y aquí voy. De entrada les comento que si bien la lengua castellana tiene innumerables adjetivos para describir cosas y situaciones, allí todo parece empequeñecer. Todo, absolutamente todo. Poco es lo que podrán imaginar pese a mi esfuerzo por describir lo que hay allí.
La caminata fue veloz. Yo quería entrar y ver lo que fue aquello. En la entrada al lugar que no fue la puerta de ingreso original, está en el lado oriental del predio, sobre la calle Alte Römerstraße. Allí un discreto y sobrio cartel exponía: KZ - Gedenkstätte Dachau, es decir Konzentrationslagers-Gedenkstätte Dachau, en castellano Lugar de Conmemoración del Campo de Concentración de Dachau. Construido el 21 de marzo de 1933 por orden de Heinrich Himmler, quien en ese momento era Reichfhürer del Reich, es decir que era segundo de Adolf Hitler.
La entrada actual está en un costado del fondo, del lado del pueblo de Dachau. Por dicho portón se entra en una calle que tiene a la derecha un muro de hormigón de unos cuatro metros de alto (con alambre de púas en la parte superior), y a la izquierda un alambrado que en su tiempo estaba electrificado, con alambre de púas también electrificado en la parte superior; pasando ese alambrado hacia el lado interno del predio (es decir la izquierda de quien camina por la calle de ingreso) un foso de metro y medio de profundidad por tres de ancho, luego -continuando hacia la izquierda- un parquisado como de tres metros de ancho, que termina en el ripio que domina todo el predio. Pisar ese pasto, significaba el fusilamiento instantáneo, lo que podrán imaginar que quien pudiera sortear el fusil, luego tenía el foso, el alambre electrificado y luego el muro de hormigón. En otras palabras, escapar: imposible.
Luego de caminar por la calle de ingreso, se llega a una puerta contigua a una de las torres de vigilancia. Allí se accede al campo. Enfrente se encuentra el "edificio de explotación" (hoy la administración, archivo, museo y biblioteca). Desolación total, ripio, y aridez son los únicos compañeros del visitante en estos primeros pasos. En otros años fueron terror y desesperación a para gente que fueron internos obligados del lugar. Mayormente los prisioneros que alojados aquí fueron presos políticos: disidentes, comunistas, rusos, polacos, religiosos, gitanos, homosexuales, y en menor medida, judíos.
Si bien desde la entrada principal se empezaban a ver la instalaciones, al seguir el contorno del edificio de explotación queda todo el predio a la vista. Allí están sobre la izquierda los edificios del mando y administración y hacia la derecha las barracas de los prisioneros, y al fondo la puerta de ingreso original. Este lugar se conoce como "la plaza de la llamada", dos veces al día debían formarse los prisioneros para ser contados.
En el museo hay una muestra de fotografías, documentos y pinturas sobre los procedimientos que se practicaban en el lugar (trabajos, castigos, torturas, fusilamientos, exterminio), experimentos médicos, el origen del nacionalsocialismo y el nazismo, documentos que demuestran el diseño del plan de los campos de detención y exterminio, la contabilidad que se llevaba sobre los prisioneros (por raza, religión, nacionalidad, edad, ocupación, inclinación sexual, etc.). También hay ropas que usaban los prisioneros, como así también los utensilios para comer y donde dormían.
Luego del museo está el Jourhaus (edificio de servicio), era la entrada original al campo. Allí estaban el mando y la administración del campo, y el puesto de guardia. Tiene una verja de hierro de la puerta (hoy reconstruida) con las famosas palabras: "Arbeit macht frei" (el trabajo hace libre). Frente a este lugar del lado de afuera del perímetro de alambre está el arroyo Würm. En las paredes internas del arco que conforma la puerta de ingreso de este edificio hay una gran placa de bronce, a modo de homenaje a las víctimas, que reza en inglés la liberación ocurrida el 29 de abril de 1945 por parte de una unidad del 7mo. Batallón de Infantería del Ejercito de los EE.UU.
Al salir del Jourhaus (sin salir del campo), está el Bunker, que con 150 calabozos era la cárcel del campo. En la parte de atrás está el "Arresthof" (patio de arresto) donde se producían los castigos, las torturas y los fusilamientos. Contiguo a este lugar se encontraba la prisión de la Schutzstaffel (SS) y de la Policía. Las SS contaban con un campo de entrenamiento contiguo al campo de concentración pero no lo compartían. Ese campo de entrenamiento albergaba también nada menos que a las Waffen SS.
Volviendo a la zona principal del campo pasando "la plaza de la llamada" está la zona donde se ubicaban las barracas de los prisioneros. En su época hubo 34 barracas, de las cuales hoy solo hay dos que fueron reconstruidas. En el interior de estas están las camas que utilizaban y los baños. Las camas del tipo cuchetas, tenían ubicación para tres personas, pero en los últimos tiempos se ubicaban a dos personas por cucheta, es decir seis personas por cama.
Atravesando el campo por completo se llega al final donde se encuentran una serie de templos religiosos. Saliendo del predio del campo se encuentra un predio más pequeño, donde funcionaron los crematorios. Allí en el Patio de los Crematorios hay una estatua impresionante del "Detenido desconocido", obra del escultor alemán Fritz Koelle. Si bien aquí funcionó un campo de concentración y no de exterminio, en ambos crematorios se incineraban los cadáveres de los detenidos muertos en el campo o de las ejecuciones masivas, que tuvieron lugar en el campo de tiro de la SS en Hebertshausen, es decir que no fue creado con igual fin que sí tuvieron Treblinka o Auschwitz (campos de exterminio). El gran crematorio (llamado también la barraca X) también fue utilizado por la Geheime Staats Polizeil (Gestapo) de Munich para sus ejecuciones. Este edificio fue construido por detenidos los años 1942/43 cuando la mortalidad en el campo estaba aumentando tanto por la epidemia de tifus, que el antiguo crematorio con un sólo horno de incineración (establecido el año 1940) ya no era suficiente. El nuevo crematorio contenía cuatro hornos y una cámara de gas disimulada por una cabina de duchas. Por razones desconocidas la cámara de gas nunca fue utilizada.
Si bien el Patio de los Crematorios está adornado con muchas flores, plantas y monumentos, la imagen de las chimeneas es espantosa. Entre las pocas fotos que tomé ya que las sensaciones del recorrido me hacían olvidar que era un turista, ingresé en el edificio del gran crematorio, el silencio del lugar lo dice todo, cuatro hornos de incineración pegaban un fuerte golpe al visitante.
Allí me dispuse a tomar unas fotos, pero apenas pudo ser una ya que el sujeto que es encargado del lugar se quería ir, "it's time to go home" expresó el teutón. Así que tomé la foto y salí para ver el resto del lugar (las "duchas" de gas que nunca se utilizaron). Habiendo pasado unos quince minutos desde que entre al predio de los crematorios emprendí el regreso al campo, pero el portón estaba cerrado (esta zona esta algo apartada del campo en sí). El olvidadizo sujeto en su afán de partir a su casa puso llave a todo lo que tenía una cerradura y me dejó a mí dentro.
La cosa es que estaba encerrado en el predio del crematorio con los nefastos edificios a escasos veinte metros de mí. Fue asquerosa la sensación de ver el portón cerrado, tocar el picaporte, forcejear la puerta para comprobar que estaba trabada, y luego girar la cabeza para ver la inmensa chimenea de la barraca X. La sensación de estar en ese repugnante lugar, es realmente imposible de describir. Apareció del lado del campo una pareja de jóvenes españoles que se tornaron algo cómicos al verme allí dentro, nada hicieron para ayudarme, los cuales partieron prometiendo que avisarían si alguien podía abrir el maldito portón. Como pasaron unos eternos quince minutos decidí iniciar el rescate de mi propia persona.
El portón en cuestión, obra de un buen herrero, de unos tres metros de alto, coronado con unos hierros en afilada terminación de unos diez centímetros de alto y media pulgada de diámetro, tenía una traba transversal hacia la mitad de su altura contra el piso del lado de adentro del predio de los crematorios. Así pues que comencé a estudiar el tema del escape. Coloqué un pie en el asiento de esa traba con el portón y trepé hacia el extremo, crucé los afilados hierros cuidando de no quedar estéril y luego simplemente caí al otro lado.
El saldo del susto, el golpe y el corte en la palma de la mano izquierda (cortesía de los hierros afilados), no se comparaban con la sensación de saber que unos sesenta años atrás hubiera sido fusilado de haber estado en esa zona, considerando la posibilidad de llegar con vida a ese portón.
Más información en el sitio oficial (idiomas alemán e inglés):
http://www.kz-gedenkstaette-dachau.de/
En mi derrotero por el viejo mundo occidental, llegué a Munich, mejor dicho München como la llaman los muniqueses. La guía de viaje que llevé mencionaba varios lugares para visitar, entre los cuales se encontraba el Memorial de Dachau, en el pueblo de Dachau, cercano a Munich, en la misma Baviera (Bayern). Así que fui a la oficina de turismo que está en la estación ferroviaria Hauptbahnhof de Munich, y allí me asesoraron sobre ese destino y como llegar a él.
Tomé el tren suburbano S2 (S-Bahn 2) en Hauptbahnhof y en unos veinte minutos, llegué a la ciudad de Dachau, donde el autobús A726 me acercó al lugar en cuestión.
Al bajar, a dos calles de lugar se podía ver una de las torres de vigilancia del sitio objeto de visita, y los primeros pensamientos aparecieron: "algo quedó de aquello", "por lo menos han dejado en pie algunos como este", etc. Y aquí voy. De entrada les comento que si bien la lengua castellana tiene innumerables adjetivos para describir cosas y situaciones, allí todo parece empequeñecer. Todo, absolutamente todo. Poco es lo que podrán imaginar pese a mi esfuerzo por describir lo que hay allí.
La caminata fue veloz. Yo quería entrar y ver lo que fue aquello. En la entrada al lugar que no fue la puerta de ingreso original, está en el lado oriental del predio, sobre la calle Alte Römerstraße. Allí un discreto y sobrio cartel exponía: KZ - Gedenkstätte Dachau, es decir Konzentrationslagers-Gedenkstätte Dachau, en castellano Lugar de Conmemoración del Campo de Concentración de Dachau. Construido el 21 de marzo de 1933 por orden de Heinrich Himmler, quien en ese momento era Reichfhürer del Reich, es decir que era segundo de Adolf Hitler.
La entrada actual está en un costado del fondo, del lado del pueblo de Dachau. Por dicho portón se entra en una calle que tiene a la derecha un muro de hormigón de unos cuatro metros de alto (con alambre de púas en la parte superior), y a la izquierda un alambrado que en su tiempo estaba electrificado, con alambre de púas también electrificado en la parte superior; pasando ese alambrado hacia el lado interno del predio (es decir la izquierda de quien camina por la calle de ingreso) un foso de metro y medio de profundidad por tres de ancho, luego -continuando hacia la izquierda- un parquisado como de tres metros de ancho, que termina en el ripio que domina todo el predio. Pisar ese pasto, significaba el fusilamiento instantáneo, lo que podrán imaginar que quien pudiera sortear el fusil, luego tenía el foso, el alambre electrificado y luego el muro de hormigón. En otras palabras, escapar: imposible.
Luego de caminar por la calle de ingreso, se llega a una puerta contigua a una de las torres de vigilancia. Allí se accede al campo. Enfrente se encuentra el "edificio de explotación" (hoy la administración, archivo, museo y biblioteca). Desolación total, ripio, y aridez son los únicos compañeros del visitante en estos primeros pasos. En otros años fueron terror y desesperación a para gente que fueron internos obligados del lugar. Mayormente los prisioneros que alojados aquí fueron presos políticos: disidentes, comunistas, rusos, polacos, religiosos, gitanos, homosexuales, y en menor medida, judíos.
Si bien desde la entrada principal se empezaban a ver la instalaciones, al seguir el contorno del edificio de explotación queda todo el predio a la vista. Allí están sobre la izquierda los edificios del mando y administración y hacia la derecha las barracas de los prisioneros, y al fondo la puerta de ingreso original. Este lugar se conoce como "la plaza de la llamada", dos veces al día debían formarse los prisioneros para ser contados.
En el museo hay una muestra de fotografías, documentos y pinturas sobre los procedimientos que se practicaban en el lugar (trabajos, castigos, torturas, fusilamientos, exterminio), experimentos médicos, el origen del nacionalsocialismo y el nazismo, documentos que demuestran el diseño del plan de los campos de detención y exterminio, la contabilidad que se llevaba sobre los prisioneros (por raza, religión, nacionalidad, edad, ocupación, inclinación sexual, etc.). También hay ropas que usaban los prisioneros, como así también los utensilios para comer y donde dormían.
Luego del museo está el Jourhaus (edificio de servicio), era la entrada original al campo. Allí estaban el mando y la administración del campo, y el puesto de guardia. Tiene una verja de hierro de la puerta (hoy reconstruida) con las famosas palabras: "Arbeit macht frei" (el trabajo hace libre). Frente a este lugar del lado de afuera del perímetro de alambre está el arroyo Würm. En las paredes internas del arco que conforma la puerta de ingreso de este edificio hay una gran placa de bronce, a modo de homenaje a las víctimas, que reza en inglés la liberación ocurrida el 29 de abril de 1945 por parte de una unidad del 7mo. Batallón de Infantería del Ejercito de los EE.UU.
Al salir del Jourhaus (sin salir del campo), está el Bunker, que con 150 calabozos era la cárcel del campo. En la parte de atrás está el "Arresthof" (patio de arresto) donde se producían los castigos, las torturas y los fusilamientos. Contiguo a este lugar se encontraba la prisión de la Schutzstaffel (SS) y de la Policía. Las SS contaban con un campo de entrenamiento contiguo al campo de concentración pero no lo compartían. Ese campo de entrenamiento albergaba también nada menos que a las Waffen SS.
Volviendo a la zona principal del campo pasando "la plaza de la llamada" está la zona donde se ubicaban las barracas de los prisioneros. En su época hubo 34 barracas, de las cuales hoy solo hay dos que fueron reconstruidas. En el interior de estas están las camas que utilizaban y los baños. Las camas del tipo cuchetas, tenían ubicación para tres personas, pero en los últimos tiempos se ubicaban a dos personas por cucheta, es decir seis personas por cama.
Atravesando el campo por completo se llega al final donde se encuentran una serie de templos religiosos. Saliendo del predio del campo se encuentra un predio más pequeño, donde funcionaron los crematorios. Allí en el Patio de los Crematorios hay una estatua impresionante del "Detenido desconocido", obra del escultor alemán Fritz Koelle. Si bien aquí funcionó un campo de concentración y no de exterminio, en ambos crematorios se incineraban los cadáveres de los detenidos muertos en el campo o de las ejecuciones masivas, que tuvieron lugar en el campo de tiro de la SS en Hebertshausen, es decir que no fue creado con igual fin que sí tuvieron Treblinka o Auschwitz (campos de exterminio). El gran crematorio (llamado también la barraca X) también fue utilizado por la Geheime Staats Polizeil (Gestapo) de Munich para sus ejecuciones. Este edificio fue construido por detenidos los años 1942/43 cuando la mortalidad en el campo estaba aumentando tanto por la epidemia de tifus, que el antiguo crematorio con un sólo horno de incineración (establecido el año 1940) ya no era suficiente. El nuevo crematorio contenía cuatro hornos y una cámara de gas disimulada por una cabina de duchas. Por razones desconocidas la cámara de gas nunca fue utilizada.
Si bien el Patio de los Crematorios está adornado con muchas flores, plantas y monumentos, la imagen de las chimeneas es espantosa. Entre las pocas fotos que tomé ya que las sensaciones del recorrido me hacían olvidar que era un turista, ingresé en el edificio del gran crematorio, el silencio del lugar lo dice todo, cuatro hornos de incineración pegaban un fuerte golpe al visitante.
Allí me dispuse a tomar unas fotos, pero apenas pudo ser una ya que el sujeto que es encargado del lugar se quería ir, "it's time to go home" expresó el teutón. Así que tomé la foto y salí para ver el resto del lugar (las "duchas" de gas que nunca se utilizaron). Habiendo pasado unos quince minutos desde que entre al predio de los crematorios emprendí el regreso al campo, pero el portón estaba cerrado (esta zona esta algo apartada del campo en sí). El olvidadizo sujeto en su afán de partir a su casa puso llave a todo lo que tenía una cerradura y me dejó a mí dentro.
La cosa es que estaba encerrado en el predio del crematorio con los nefastos edificios a escasos veinte metros de mí. Fue asquerosa la sensación de ver el portón cerrado, tocar el picaporte, forcejear la puerta para comprobar que estaba trabada, y luego girar la cabeza para ver la inmensa chimenea de la barraca X. La sensación de estar en ese repugnante lugar, es realmente imposible de describir. Apareció del lado del campo una pareja de jóvenes españoles que se tornaron algo cómicos al verme allí dentro, nada hicieron para ayudarme, los cuales partieron prometiendo que avisarían si alguien podía abrir el maldito portón. Como pasaron unos eternos quince minutos decidí iniciar el rescate de mi propia persona.
El portón en cuestión, obra de un buen herrero, de unos tres metros de alto, coronado con unos hierros en afilada terminación de unos diez centímetros de alto y media pulgada de diámetro, tenía una traba transversal hacia la mitad de su altura contra el piso del lado de adentro del predio de los crematorios. Así pues que comencé a estudiar el tema del escape. Coloqué un pie en el asiento de esa traba con el portón y trepé hacia el extremo, crucé los afilados hierros cuidando de no quedar estéril y luego simplemente caí al otro lado.
El saldo del susto, el golpe y el corte en la palma de la mano izquierda (cortesía de los hierros afilados), no se comparaban con la sensación de saber que unos sesenta años atrás hubiera sido fusilado de haber estado en esa zona, considerando la posibilidad de llegar con vida a ese portón.
Más información en el sitio oficial (idiomas alemán e inglés):
http://www.kz-gedenkstaette-dachau.de/
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