Muro de Berlin
Exactamente hoy, hace treinta años, Alemania daba comienzo a su unificación y al fin del comunismo: caía su abominable pared carcelera de Berlín.
Algunos lograron crusarla (hay una célebre foto de un guardia de Berlín Oriental soltando su arma y corriendo hacia Berlín Occidental). Miles lo pensaron. Millones lo desearon. Checkpoint Charlie era una meca tal como las costas de la península de La Florida lo son hoy para quienes se atreven a escapar de la isla-cárcel de Cuba.
Vaya paradoja Cuba: paradisíaco lugar donde un esclavizado pueblo intenta sobrevivir a un nefasto régimen financiado por el turismo mundial que lo visita para dejar unos obscenos dólares imperiales que nutren cual oxígeno a tan hábil opresor bajo el concepto de conocerla antes que la garra yankee la cambie a gusto consumista post ocaso de la aventura castrista.
Pues bien, 30 años van sin Muro de Berlín, y América Latina se sumerge en un viaje en el tiempo hacia la Guerra Fría de los '50/'80: brotan por todos lados los intentos antidemocráticos operados por Caracas, diseñados por La Habana y patrocinados por Moscú. Ecuador y Chile revueltos a la búsqueda de un golpe de estado populista. Bolivia con un nuevo intento hegemónico. Argentina con trámite electoral resuelto se encamina a una disputa entre dos facciones de peronismo como ocurrió en los 70 y que luego devolvió en una sangrienta dictadura. Brasil reacciona por ley física de simpatía. El resto de la región expectante.
No se trata de adorar a EEUU: quien quiera rechazarlo por el motivo que fuere solo debería ser coherente. Es una idiotez atacar a EEUU buscando enaltecer el valor de la revolución castrista y sus satélites como el mundo bolivariano de Venezuela o el sandinismo de Honduras.
Quien quiera ser anti-yankee lo puede resolver muy fácilmente a diario: NADA de comprar CocaCola, McDonalds, Nike, Disney, Apple, Google, Facebook, Twitter, Netflix, Spotify, ESPN, FOX, y la lista sigue. Cada insulto a EEUU, cada bandera yankee incinerada es amparase en la primera enmienda de la constitución de ese país: libertad de expresión, parte del ADN básico que los padres fundadores definieron como axioma matemático en la cubierta del barco Mayflower antes de desembarcar en la fecha del 11/NOV/1620 en las costas de Massachusetts, cuando llegó el primer contingente de colonos emigrados de Inglaterra (libertad de expresión, libertad de reunión, libertad de religión, libertad de prensa y propiedad privada).
El mundo avanza, y América Latina se da el lujo de jugar a la adolescencia. Un lujo muy caro. Un lujo que ya intentó otras veces en la historia y resultó adverso y sangriento.
Los balseros cubanos no viajan a Dominicana, Haití o México, a merced de feroces tiburones. Toman el riesgo para llegar al premio mayor: EEUU. Tal como los emigrantes de cercano oriente o del norte de África que buscan llegar a las costas de Europa y luego transitar hacia tierras alemanas, nórdicas o británicas. Evidentemente el mundo capitalista y libre no es nada malo.
Previo a la caída del muro, Gorbachov indicó reformas a Honecker, señalándole: la historia castiga a quienes llegan tarde. América Latina juega a viajar al pasado... como si fuere gratis.
Mientras Berlín, Alemania y el mundo celebran la historia, América Latina se reúne en el Foro de Puebla en Buenos Aires, para celebrar libertades de corruptos y apostar nuevamente por el conservadurismo del encierro.
¿Dónde irán los talentos que emigren de América Latina si no es justamente hacia esos países "imperialistas"?
¿Donde invertirá el capital ante un escenario así?
¿Otra vez, por qué debemos hacernos preguntas tan básicas en América Latina?
Volviendo a Berlín y a Alemania: inevitables contracaras de la unificación. Estos procesos no son gratuitos, ni sencillos. Pero la oportunidad de avanzar no se detendrá... muy distinto a América Latina.

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