Final para Sudáfrica 2010

Terminó Sudáfrica 2010, y terminaron las vuvuzelas. Pero de este lado del mundo resuenan otras melodías, siempre listas para ocasiones como estas.

Como de fútbol sé tanto como el argentino medio sabe de danzas mongoles, todo lo referido a lo técnico lo dejaré de lado.

Es turno ahora de cargar contra Maradona. Sujeto particular si los hay, pero tampoco me meteré con su psicología porque no soy diestro en ello.

La cosa es que Maradona es la culpa de todos los males de nuestra tierra, sean actuales como pasados. El punto es, que quien juzga es un argentino medio, bastante impresentable de por sí.

La persona que más sabe del mundo sobre Maradona, se llama Diego Armando. Pero resulta que ahora todos somos jueces sobre aquel imputado que casi soluciona todos nuestros padecimientos, pero como no trajo el premio mayor, es tiempo de quitarle todos los créditos, y también ajusticiarlo.

Y en ese ajusticiamiento social, aparece el sentir de un hincha que reclama justamente lo inaceptable: no porque el producto que pide sea una quimera o una exageración, sino que el acto de pretender, desde una especie de legitimidad grandilocuente, es por demás obsceno.

Me explico mejor. Qué podemos pretender cuando el mejor triunfo que pretende el argentino simpatizante futbolístico medio implora que su equipo gane por un único gol -en contra-, en el último minuto del tiempo de descuento y con 3 jugadores menos. No por mostar el triunfo, sino por mostrar que el otro perdió.

Soberbia demostración de que festejar el triunfo de un adversario sobre la derrota de un habitual vecino, es enarbolar el pabellón de que no hay que estar al lado del perdedor.

Es el culto de castigar el éxito legítimo, como el de Alemania que le ganó a Argentina en todo el campo de juego, en todos los noventa minutos de la cita de cuartos de final.

El estribo está en el odio, el resentimiento, el desprecio, la envidia que tenemos los argentinos sobre aquel que le va bien, con lo cual el insulto rápido y gratuito está a la orden del minuto: "vos no existís" es el peor de todos ellos... como que se discute con alguien que es tan inferior, que no amerita continuar el intercambio.

Considero firmemente que a los argentinos no nos gustan las expectativas, los deseos, las imaginaciones, las ilusiones, las pretensiones, las ambiciones. Tal vez sea porque resignamos a no tenerlas por los gobiernos y culturas que nos han confiscado tal aptitud elaborariva. Tal vez sea porque detestamos el éxito de otros. Mucho de esto nos pasa en la relación con los EE.UU. y sus habitantes.

Ahora es el turno de Maradona, como destino del insulto rápido y gratuito. Si el seleccionado de fútbo hubiese llegado a la semifinal del tornero, ya habría festejos de heroes, y si se llegaba al triunfo del campenonato mundial, hasta el mausoleo del estilo del Ramses II, no paraba. El Gobierno, rápdio de reflejos, mandó a recibir al equipo nacional, como si se tratara de soberbios triunfantes. Era el momento de ser "populistas re-loaded": la horda quiere una cita con las luces de la novedad y la inmediatez. Mientras que el Gobierno estudia con suma atención la próxima evolución del personaje director técnico, la retórica del casal gobernante, asoma más inquinia en un país de crispación creciente.

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