Me antoja Dickens
Otra vez me antoja Dickens: 'era el mejor de los tiempos; era el peor de los tiempos' (*).
Viendo la reorganización del gabinete de ministros de la Presidente Cristina F.K., me antoja el recuerdo de Dickens porque la realidad supera en forma geométrica las expectativas. El cambio de jugadores para cuando? Porque el cambio de jugadores hace al cambio de juego, y viceversa.
El acuse de recibo del adverso resultado electoral del domingo 28 de junio pasado, es negado a la oposición triunfadora, como también al electorado, quien es el mandante de la relación representativa de nuestro modelo de gobierno. La reorganización presentada no ofrece cambios, con lo cual se acaba el crédito para el cambio de rumbo que el electorado pidió en la reciente elección.
Hay quienes llaman soberbia o arrogancia a estas actitudes. Yo soy de la idea de que para ser soberbio o arrogante hay que tener sustento, hay que tener en qué apalancarse. A partir de ello, las actitudes del casal gobernante distan de la soberbia o arrogancia, lo cual entonces son una exposición mediática de cierta 'sustentabilidad' en el juicio y la acción, razón entonces que oculta una innaceptable incapacidad para la gestión que han tomado.
Es tiempo de hacer exámenes psicotécnicos a los candidatos políticos, tal como se hace en la empresas privadas, desde el cadete hasta el CEO.
Esta PresidentA se va a ir de su posición si haber vivido su cargo. Vaya si eso no empobrece a dirigentes y dirigidos.
(*) Charles Dickens. A Tale of Two Cities (1859), libro 1, capítulo 1.
Viendo la reorganización del gabinete de ministros de la Presidente Cristina F.K., me antoja el recuerdo de Dickens porque la realidad supera en forma geométrica las expectativas. El cambio de jugadores para cuando? Porque el cambio de jugadores hace al cambio de juego, y viceversa.
El acuse de recibo del adverso resultado electoral del domingo 28 de junio pasado, es negado a la oposición triunfadora, como también al electorado, quien es el mandante de la relación representativa de nuestro modelo de gobierno. La reorganización presentada no ofrece cambios, con lo cual se acaba el crédito para el cambio de rumbo que el electorado pidió en la reciente elección.
Hay quienes llaman soberbia o arrogancia a estas actitudes. Yo soy de la idea de que para ser soberbio o arrogante hay que tener sustento, hay que tener en qué apalancarse. A partir de ello, las actitudes del casal gobernante distan de la soberbia o arrogancia, lo cual entonces son una exposición mediática de cierta 'sustentabilidad' en el juicio y la acción, razón entonces que oculta una innaceptable incapacidad para la gestión que han tomado.
Es tiempo de hacer exámenes psicotécnicos a los candidatos políticos, tal como se hace en la empresas privadas, desde el cadete hasta el CEO.
Esta PresidentA se va a ir de su posición si haber vivido su cargo. Vaya si eso no empobrece a dirigentes y dirigidos.
(*) Charles Dickens. A Tale of Two Cities (1859), libro 1, capítulo 1.
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