Alfonsín o lo rescatable
Raúl Alfonsín nunca fue un tipo ni político que me guste, tanto por su partido, como por sus ideas y métodos. Le achaco principalmente su falta de cosmovisión al apostar por el tercer mundo y los no alineados, cuando el planeta asistía al epílogo del comunismo anunciado en la fatídica sucensión de un Kremlin que agonizaba a partir de la muerte de Leonid Breznhev en 1982.
Tambíén le achaco fallas en lo económico, pero fronteras adentro, me preocupó muchísimo el Pacto de Olivos, donde logró nublar (o se nubló él) con la re-elección de Menem a toda la ciudadanía (medios de comunicación mediante), cuando cosas más importantes ingresaron como proyecto para destruir el plan de los Constituyentes de 1853: voto directo del presidente y el senado, solidaridad obligada en el déficit fiscal provincial, tratados internacionales con rango constitucional, propiedad privada sujeto a criterio de utilidad pública, etc. etc. Así entonces, la asquerosidad de Constitución que tenemos, nos ha sumido en la peor de las calidades institucionales jamás imaginada en un Estado de Derecho. Thomas Jefferson, James Madison, John Adams, Benjamin Franklin, George Washington, y otros, minga de descansar en paz.
Por otra parte le tocó lidiar con la peor de la fiesta: huelgas laborales, planteos militares, un sector externo duro, una población que no entendía aún la transición, y la puesta en marcha del todo el motor institucional (que sigue cada vez más paupérrimo).
Ahora bien, yendo al Alfonsín hombre, político, Presidente y ex Presidente... qué nos pasó que lo saludamos tanto en su morada final? Tan mal estaremos que sus sucesores ni siquiera llegan a tener la menor de las decencias como si las tuvo él.
Seguimos reptando sobre los despojos de aquellos que nos precedieron: San Martín, Belgrano, Brown, Alberdi, Echeverría, Sarmiento, Roca... y ahora Alfonsín.
Seguimos reptando sobre los despojos de aquellos que nos precedieron... la pagaremos, juro que la pagaremos.
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